Alfonso Martínez Foronda y Eduardo Saborido Galán
(Presidente y director, respectivamente, de la Fundación de Estudios
Sindicales. Archivo Histórico de CC OO de Andalucía)
EL PAÍS - Opinión - 07-06-2006
Hemos leído con estupor la noticia aparecida en la prensa en la que se
da cuenta de que el embajador de España en Marruecos, Luis Planas, acompañado
del teniente general Rafael Barbudo, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército,
y del general Vicente Díaz de Villegas, comandante general de la ciudad de
Melilla, han asistido a la inauguración de un museo dedicado al teniente
general Mohamed Mizzian en la ciudad de Nador.
Este militar acompañó a Franco desde el primer momento de la sublevación
contra el gobierno legal de la República, dirigiendo los tabores de regulares,
mercenarios marroquíes utilizados por Franco como fuerza de choque en el
transcurso de toda la guerra, tomando parte en las principales batallas y en
todas las razzias represivas que se llevaron a cabo.
Se distinguieron especialmente porque, al ir ocupando los pueblos,
fusilaban en masa a los prisioneros, los castraban y paseaban sus despojos
pinchados en sus bayonetas como símbolo de su victoria, violaban a las mujeres hasta
matarlas, saqueaban las viviendas, vendiendo después en improvisados zocos los
bienes así obtenidos. Eran el terror de la población civil, ancianos, mujeres y
niños. La fortuna económica que se les atribuye a sus descendientes mucho
tendrá que ver con esas sangrientas prácticas estraperlistas.
Este personaje, Mohamed Mizzian, homenajeado por don Luis Planas y
generales acompañantes, fue el más destacado militar de aquellas hordas del
infierno; así consta en relatos escalofriantes y en numerosos y recientes
libros de esta historia de España.
Tras la Guerra Civil, Franco, como premio a esta trayectoria, le
nombró capitán general de Galicia y Canarias del Ejército español. En este año
que se pretende convertir por el Parlamento español en el de la memoria
histórica, este hecho parece su más horripilante paradoja y humilla a los
familiares descendientes de las víctimas.
En nombre de la Fundación de Estudios Sindicales sólo pedimos al
Gobierno y a su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que tomen las medidas
oportunas para restituir la dignidad y el honor de España que estos señores han
mancillado.